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Semov promueve que las mujeres se incorporen como conductoras del transporte público
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Semov promueve que las mujeres se incorporen como conductoras del transporte público

Con la seguridad de que incorporarlas en la operación de unidades del transporte público ahora que inicia la transición hacia el modelo ruta-empresa le abonará a la calidad y a la calidez en el servicio, la Secretaría de Movilidad promueve entre las empresas que se incorporen al Sistema Integral de Transporte (SITRAN) que incluyan mujeres en su equipo de conductores.

 

De hecho, en el contrato de calidad que firman los transportistas para hacerse acreedores a una concesión del SITRAN se les exige que el 20 por ciento de los conductores sean mujeres y para cumplirlo dispondrán de un año contado a partir de que se firme dicho contrato.

 

Hay razones fundadas para afirmar que, contrario a la percepción de que se trata de un oficio “rudo” y por tanto debe ser desempeñado por hombres, es una actividad en la que se requieren principalmente habilidades y principios como la paciencia, tolerancia y actitud de servicio.

 

Hay dos ejemplos que dan cuenta de ello. Por un lado Claudia Fabiola Garibaldi y Beatríz Huízar, quienes con vasta experiencia como operadoras del transporte público han sorteado todos los obstáculos y hoy se dicen orgullosas de su oficio.


No hay parámetro para saber si los hombres o las mujeres manejan mejor. Sin embargo, segura de sí, Beatriz comenta que “los mismos usuarios te lo dicen: ojalá y todos los conductores fueran mujeres porque los hombres tienen muy mal carácter”.

 

Esta oportunidad es maravillosa porque significa un nuevo reto para nosotras: enfrentar al machismo porque nos han limitado nuestro quehacer a únicamente tortear y lavar. No. Podemos y queremos”, sostiene por su parte Claudia Fabiola Garibaldi.

 

Ambas coinciden en que se requiere que se promueva más la educación del usuario sobre cómo utilizar el transporte público, porque “no toda la culpa la tenemos los conductores”.

 

A continuación parte del perfil y del pensamiento de cada una de ellas.

 

Claudia Fabiola Garibaldi Prieto

 

Inspirada en su padre, que era operador de maquinaria pesada, Claudia Fabiola cuenta con 30 años en el servicio del transporte público. Un día dije “yo voy a ser como él”.

 

Mi entusiasmo no decayó a pesar de que iba a pedir empleo como conductora de transporte y se burlaban de mí”.

 

Al principio lo hacía ‘por debajo del agua’ porque no tenía licencia por ser menor de edad, pero poco a poco me dieron oportunidad de operar aunque sea a ratos algunas unidades de la ruta 623 y luego de la 66”.

 

Mi primera oportunidad formal fue cuando buscaban mujeres para conducir las unidades automáticas de la Alianza de Camioneros; cargaba mis hijos en el camión, e incluso me acondicionaron un portabebé al lado del asiento para cargar a la más pequeña de mis hijas”.

 

No es un oficio de hombres, porque si bien ellos tienen la fuerza, pero nosotras tenemos las mañas. Yo lo mismo he cambiado bandas, ajusto frenos… Nunca he dejado un camión en la calle”.

 

Si las mujeres no le calan, no van a saber qué es conducir el transporte público, que para mí es un oficio de lujo porque es una gran oportunidad para que nos reconozcan que podemos vencer muchos obstáculos y prejuicios; aunque todavía son pocos, pero ya hay hombres que me dicen ‘mis respetos’ y las jóvenes me comentan ‘yo quiero ser como tú’”.

 

Lo que vamos a aportar al servicio es más calidad y también paciencia, sobre todo con los adultos mayores porque muchos compañeros no los suben. Yo no. Si viene la ‘abuelita’ arrastrando el costalito, me levanto y le ayudo a subirse”.

 

A pesar de que en algunas ocasiones ha sido objeto de agresiones, insultos y hasta golpes, Claudia Fabiola dice ser “super feliz”. “Es un trabajo pesado pero me ha dado para sacar adelante a mis hijos, no dejo de traer dinero en la bolsa para darme mis gustos”.

 

Tan sólo el hecho de sentarte frente al volante, voltear por el espejo retrovisor y ver las dimensiones de la unidad, te hace grande; nunca digas no puedo”.

 

A lo largo de estas 3 décadas, son varias las rutas en las que Claudia Fabiola ha trabajado: 54, 50, 50-A, 50-B, 50-C, 190, 52-A y 52-C, luego en TUTSA, más tarde en la 136, 78, 175-A, 176-C, 75-B, 59-A, 59-B y últimamente en la 80, 80-A y 80-B.

 

Beatriz Huízar Vega

 

Lleva once años como conductora de transporte, de los cuales 5 se desempeñó como operadora de unidades de traslado de personal de una empresa privada y los últimos 6 en el servicio público.

 

La necesidad de independizarse económicamente de su esposo, los bajos sueldos que le ofrecían en otros empleos la llevaron a aceptar el trabajo como operadora de transporte cuando atendió una convocatoria en la que compitió con otras 50 mujeres.

 

Creíamos que era para limpiar las unidades; nunca pensamos que nos ofrecieran trabajo como conductoras. Querían mujeres porque había mucho ausentismo de hombres operadores, sobre todo los fines de semana, pues el lunes o no llegaban o venían con aliento alcohólico”.

 

Entre las dificultades a las que Beatriz se ha enfrentado “es el rechazo a mi oficio, empezando por mis hijos y hasta la fecha mis hermanos. Lo mismo la sociedad, no nos acepta, pero ya que ven como te desempeñas cambian su percepción. Las mujeres mayores son las que más me felicitan: ‘que bueno que tú puedes, a nosotras no nos permitieron’, me dicen”.

 

Dice que en los 6 años que lleva como conductora del transporte público su mayor alegría “es cuando veo satisfecho al usuario, me dan las gracias y cuando ni siquiera una persona me dice ‘que bien manejas’ siento que mi día fue malo”.

 

Su mayor frustración es cuando se le cierran las puertas por ser mujer, como le sucedió cuando ha solicitado empleo en algunas empresas de “trailers” o en las líneas de autobuses foráneos.

 

Tenemos que atrevernos a romper con el rol que la sociedad nos ha asignado. Sí podemos; me da orgullo ver mujeres policías o albañiles”.

 

Considera que este oficio implica tener muchas facetas, y una de ellas es ser sicólogas. “Tienes que aplicar la sicología en cada usuario, esto sin contar las múltiples actividades que debes hacer al mismo tiempo, como lidiar con el tráfico, abrir y/o cerrar la puerta, subir pasaje, hacer alto, cobrar y cuidarte de algún peatón imprudente”.

 

Afortunadamente, afirma, como mujeres “desde pequeñas nos enseñan a ser tolerantes, prudentes y a lidiar con el estrés; el carácter únicamente me sale cuando no puedo acceder a los caprichos de un usuario que quiere que lo baje donde no está permitido”.

 

Para mí el usuario merece todo mi respeto porque hoy el traslado de un lugar a otro se ha convertido en algo así como un artículo de la ‘canasta básica’. ¿Cómo vas a dejar a una persona que se levanta a las 4 de la madrugada para ir a trabajar y aunque gane poco, si llega tarde, le quitan su bono de puntualidad, le descuentan el día o de plano lo regresan a su casa”.

 

Según su experiencia, la actitud del conductor cambia hasta el humor del usuario. “A veces se suben de malas o de prisa y en ocasiones con el puro saludo del operador les cambia el semblante, te dan las gracias al bajar, te dicen ‘que bien maneja’ o cualquier otro cumplido”.

 

Huízar Vega expone que tan es importante la buena actitud de servicio que debe tener el conductor del transporte público, que al ser el primero con el que se encuentra el usuario cuando sale a la calle, si aquel lo recibe de buen modo, “te hace el día”, pero a la inversa también, es decir, “es como iniciar el día con el pie izquierdo”.

 

Además de la empresa privada de transporte de personal, Beatriz ha trabajado en la Alianza de Camioneros, en las líneas de lujo Premier y TUR y últimamente en la ruta 54-A.


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