Guadalajara, Jal. Mx., // //
MURIÓ SANTIAGO MENDEZ BRAVO
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a cincuenta años de haber fundado la primera Escuela de Periodismo del occidente mexicano.
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Extracto de un texto de Armando González Escoto

 

La preocupación educativa ha sido una de las constantes que más han marcado la historia del occidente mexicano. Es también uno de los campos en que se han librado las más célebres batallas. En este empeño se destacan las escuelas de primeras letras fundadas en el siglo XVI, para indios y españoles, los trabajos sostenidos por el obispo Santiago de León Garabito para establecer un seminario conciliar, la lucha de dos siglos para que Guadalajara tuviese, ya en 1792, una Universidad, la entrega generosa del distinguido seglar católico don Manuel López Cotilla, para que la educación no se quebrantara a consecuencia de las crónicas guerras civiles que cubrieron buena parte del siglo XIX, y desde luego, la defensa apasionada de los jalisciences del siglo XX a favor de la libertad de cátedra y de la educación privada.

 

Es en esta trayectoria que se inscribe la obra del padre Santiago Méndez Bravo. En medio de las divergencias provocadas en una época de ideologizaciones y radicalismos que llegan a afectar el propio ámbito de la educación, la Universidad del valle de Atemajac nace como una alternativa sólida de cultivo intelectual, al margen de las tendencias y orientada preponderantemente al apoyo de personas empeñadas en su superación personal ya desde un campo laboral asumido.

 

Santiago Méndez Bravo nació en tiempos todavía difíciles para el país, y especialmente para la comunidad católica. En 1928 los templos estaban cerrados, el culto religioso suspendido, los sacerdotes eran perseguidos y las leyes eran contrarias a la libertad religiosa. Pese a los arreglos entre la Iglesia y el Estado, celebrados en 1929, el clima de persecución y hostigamiento hacia la iglesia se va a prolongar por muchos años.

 

Ordenado presbítero el 1º. de noviembre de 1952, y luego de cursar las especialidades en Letras Españolas y Humanidades Clásicas, en la universidad de Salamanca, España, vuelve a Guadalajara, encargándose, a partir de 1961, de un naciente instituto Pío XII, originalmente orientado a la formación teológica de los seglares. Es entonces que comienza a fraguarse la Universidad del Valle de Atemajac.

 

Para esa fecha el padre Méndez tenía ya nueve años de experiencia sacerdotal. Sus servicios ministeriales los había prestado en parroquias de antigua tradición y bastante pobladas, como era el caso de Tonalá y San Juan de Dios; en esta última había fundado una cooperativa de crédito y ahorro para personas de escasos recursos, iniciativa que tendrá luego un interesante desarrollo y una rápida expansión. De igual forma había logrado un objetivo que en siglos había sido inalcanzable, el establecimiento de una mutual para sacerdotes, que hasta la fecha se ha mantenido. Por esos mismos años participó también con gran entusiasmo en la fundación de una mutual de servicios de salud para el presbiterio.

 

Pero la actividad predominante del padre Méndez será el ejercicio del magisterio, que prestará por varios años en las aulas del Seminario diocesano de Guadalajara. Al frente ya del Instituto Pío XII, desarrolla una estrategia exitosa para aumentar el número de alumnos, consolidar el cuerpo de maestros, superar los rezagos económicos que la institución tenía, pero también, traza horizontes más amplios en su campo educativo.

 

Ya en los años de formación, Santiago Méndez ha percibido, con anticipación, el fenómeno de los medios de comunicación y la trascendencia que adquirirán en el futuro. También ha observado el rezago que en este campo se da a nivel regional. De esta forma, convierte al instituto Pío XII, en la primera escuela de medios de comunicación del Occidente mexicano; es el año de 1962.

 

A partir de ese momento, la sensibilidad frente a las urgencias sociales en materia educativa y la capacidad de respuesta institucional, se coordinan en un constante esfuerzo. Fruto de el serán las nuevas carreras que se van integrando a la oferta educativa de un Instituto que con el paso de los años y su maduración, va modificando su nombre a fin de ser cada vez más acorde con su identidad. Así asumirá los nombres Instituto de Comunicaciones y Humanidades, en 1968; Instituto Superior del Valle de Atemajc, en 1977; y finalmente, Universidad del Valle de Atemajac en 1979.

 

Unido a la problemática humana connatural a toda sociedad, el deterioro de la economía nacional y sus crisis repetitivas, afectó seriamente a la universidad; por lo menos en dos momentos la quiebra de la economía mexicana puso a la UNIVA al borde del abismo; de la primera crisis saldrá con el decidido apoyo del cardenal José Salazar López.

 

Pero los efectos de la problemática no repercutieron solamente en el aspecto material de la universidad, también tuvieron un alto costo en la salud del padre Méndez, que deberá enfrentar dos problemas muy serios en 1970 y en 1978. De esta forma la institución, siempre alimentada con la vida y el esfuerzo del rector y de sus colaboradores, ahora exigía el precio de la enfermedad y el empeño por la recuperación de la salud. En tanto, la universidad, alentada por el trabajo de tantas personas y la constante conducción, aún en la enfermedad, de su rector, logra iniciar la construcción de su propio campus, en 1982, acelerando su ritmo de crecimiento y expansión. Lamentablemente este caminar se ve nuevamente frenado y amenazado por la crisis económica de 1994, de la cual deberá resurgir gracias a su propio esfuerzo y al compromiso generoso y heroico, de todos sus miembros.

 

En diciembre del año 2004, la precariedad de su salud y la honestidad que siempre lo distinguió, lo llevó a renunciar a su cargo como rector, eligiendo un rector ejecutivo en tanto se desarrollaba la transición adecuada en el relevo del mando. Pasó sus últimos años atento al devenir universitario, haciéndose presente en esta su universidad solamente en ocasiones muy significativas, y dejando que se fortaleciera el nuevo liderazgo exigido por los tiempos. La oración cotidiana, la celebración de la Misa, la lectura asidua y la convivencia con sus amigos y familiares fueron la nota que caracterizó esta última etapa de su existencia. El 27 de enero de 2012, a cincuenta años de haber fundado la primera Escuela de Periodismo del occidente mexicano, cincuenta y nueve de ordenado, y ochenta y tres años de edad, el Autor de la vida lo ha llamado a su Reino.


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