Guadalajara, Jal. Mx., // //
Ante la ineptitud, responder con ética
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Miembro del Instituto Mexicano de Consultores en Desarrollo Organizacional, A.C.
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Ante la ineptitud, responder con ética

Si eres un emprendedor a cualquier nivel en México y tu negocio depende del desempeño de nuestra economía, habrás experimentado la incertidumbre, desilusión e incluso enojo que provocan las nuevas decisiones gubernamentales con su consecuente y fuerte afectación a los consumidores, haciendo que esté cada vez más cerca una recesión. El país está ya muy polarizado y no se ve solución a corto plazo, pues los responsables de la economía insisten en que todo va muy bien a pesar de su implacable y feroz enemigo, la realidad de los fríos e insensibles números.

Durante la vida de una empresa (como la de un ser humano) le tocará pasar por temporadas de vacas gordas y flacas alternadamente. Las corrientes de pensamiento positivista enfocadas en la economía recomiendan aprovechar la crisis para generar oportunidades de crecimiento y utilidades, estrategia que funciona, tanto que hoy el 1% de la población que lo ha hecho, posee más riqueza que el 99% restante. Funciona, pero no por eso es sencillo; tampoco en todos los casos, necesariamente ético.

Como ingeniero industrial conocí “tiempos y movimientos” del obrero en un proceso de manufactura, con el clásico objetivo de maximizar las utilidades y minimizar los costos; técnica muy lícita y razonable en una empresa antigua. No había problemas con eso, aunque algunos después lo llamarían “explotación” por considerarla una visión reduccionista del ser humano, pues los equipararía a un animal de carga (en ese caso también se explotaría al empresario que trabajaba como hasta hoy, más de 12 horas al día y paga los impuestos), como animales que luchan por sobrevivir en su entorno. Hoy la realidad es que en producción y otros campos, todos podríamos ser muy competitivos gracias a la tecnología e inteligencia artificial. Los procesos requieren cada vez de menos seres humanos… pero siguen siendo indispensables… y estos siguen queriendo salir del ámbito de su necesidad hacia la libertad, que no significa lo mismo para todos.

La mayor tecnificación nos ha traído sin duda más riqueza como género humano aunque siguen existiendo tremendas desigualdades. Ha cambiado la forma de hacer las guerras que ahora son más crueles, veladas y a fin de cuentas hay más conflictos no sólo entre sociedades, sino entre los mismos individuos (ver el índice de suicidios en países desarrollados). Digamos que el mundo avanza, pero con una disfunción. En un organismo vivo el crecimiento debe tener un límite, porque si se desborda, los médicos lo llaman cáncer… y termina matando a ese organismo. Los estudiosos indican que la solución a esto no va a venir de políticas públicas (mucho menos como las que tenemos hoy en México) sino del cambio en cada uno de nosotros.

En resumen: actualmente no hay condiciones propicias para el desarrollo de casi ninguna empresa en el país que dependa del mercado interno; tratar de crecer económicamente en este ambiente requiere de una forma distinta de hacer las cosas. Las cuestiones técnicas deben atacarse con tecnología y darle mayor atención al factor humano.

La propuesta:

¿Qué tal si aprovechamos estos tiempos para tratar de cohesionar nuestro equipo de trabajo?

Podría ser mucho más efectivo unirnos ante los retos de la situación actual del país, tratar de resolverlos entre todos, con puntos de vista ampliados y enriquecidos por los demás… y ayudándonos los unos a los otros. Por supuesto que hay que convencer y arrastrar a los escépticos, los egoístas, los resentidos y los negativos… Pero lograr algo así nos beneficiaría a todos y en todos los sentidos, acercando más a cada quien a alcanzar nuestro concepto de libertad.

El punto medular es dar el ejemplo y dejar de ver a los empleados como “asalariados” para comenzar a tratarlos como amigos que estamos en el mismo barco; obviamente que tomando sólo a los que quieran navegar con nosotros y deseándole buena suerte en el muelle más cercano a los que no. Se requiere conocer a las personas como tales, comprender sus motivaciones y sus barreras para seleccionar a los que pueden responder, apoyarlos y ayudarles a crecer. El Desarrollo Organizacional cuenta con muchas herramientas para lograr esas condiciones.

Nota: el que no tiene remedio ni quiere tenerlo, así sea un jefe y aparentemente dé resultados, termina contaminando a los demás, afectando ya de por sí la productividad de la empresa. No sugiero vendarle los ojos y hacerlo caminar por el tablón, pero si invitarlo a bajar del barco.

Cambiemos la mentalidad de “el que no es tranza no avanza” tan común en nuestra gente comenzando con el ejemplo. Una empresa debe sostenerse porque es necesaria, porque genera bienes, productos y servicios a la comunidad y estos le son remunerados a quienes participan en crearlos. A fin de cuentas el objetivo primordial de toda empresa es colaborar a que el mundo sea mejor… pues hay que hacerlo comenzando desde dentro.

Cierto que tal vez no lleguemos a ganar más económicamente, pero en definitiva ganaremos en darle un mejor sentido a la vida, haciendo unión, haciendo algo positivo antes de morir para otros que lo necesitan… haciendo amigos y formando lealtades… que después nos beneficiarán de una u otra forma; ejemplos hay muchísimos y muy valiosos. Gente buena forma una empresa buena, y una empresa buena tiene mucho más posibilidades de éxito que otra que no lo es.

Últimamente he escuchado a algunos empresarios opinar que el mundo ha valorado más la inteligencia que el corazón, pero que ambas cosas son necesarias para el éxito, no en dinero, no en una guerra, sino en una vida.

¿Qué pasaría si abres un poco tu corazón a tus colaboradores?

Que ellos vean lo humano que también eres, que aunque seas el capitán, corres el mismo riesgo si el barco se hunde… porque además es tuyo. Que sientan que te pueden ayudar y se pueden ayudar a sí mismos viéndose como amigos y compañeros de ruta en un mar que por ahora está un tanto escarpado, pero hay quien hasta se divierte en esos sitios.

¿Crees poderlo hacer?