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España y Catalunya: Guerra de egos
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Roberto Magallón fue uno de los colaboradores fundadores de Axópolis, a los pocos meses decidió continuar sus estudios con un master en la Universidad Autónoma de Barcelona y sigue allá, integrado profesionalmente a la radio y ahora también cubriendo este conflicto que mantiene en vilo a los españoles (los catalanes siguen siendo españoles) aquí una colaboración especial que nos ayuda a ver con claridad el problema.
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España y Catalunya: Guerra de egos

Barcelona, 12/10/17.- Las últimas semanas han sido duras para la relación Catalunya/España. Ha habido muchos dimes y diretes que lo único que ha ocasionado es la reapertura de una herida cultural catalana en el seno español. La desinformación por parte de muchos medios, olvidados del periodismo y convertidos prácticamente en agentes de uno y el otro bando sólo ha dividido más –y más- a la sociedad española y catalana (tal es el caso de TVE –Televisión Española- y TV3 –Televisión autonómica de Catalunya-). 

En este “mundillo” –el de la política- nada es casual, y es bajo esta premisa que escribo estas líneas en las que intentaré resolver, desde una manera cercana –al ‘lío’-, algunas dudas que me hacen siempre colegas mexicanos sobre la “situación catalana” (agrego, española también).

Un poquito de historia.

El sentimiento identitario catalán (más no “nacionalismo”) se vive desde antes que existiese su contraparte español, fundado como tal y más allá de lo geográfico en 1492, tras la unificación de reinos y el descubrimiento de América pues, antes de esa fecha, se le denominada Hispania para referirse a la península ibérica –incluyendo Portugal y el principado de andorra-. Así pues, ‘lo catalán’ existe hace cerca de 1000 años; sin embargo, el sentimiento moderno, el que vemos ahora, nacería en el siglo XIX, entre 1880-90. Es ahí cuando crece el arraigo nostálgico catalán, pero a su vez, el apego a lo español, políticamente hablando, con la primera república; una especie de doble patriotismo. Por un lado lo procedente de la región catalana, la parte de la península más cercana a los Pirineos, y por el otro el del resto de la región.

Así pues, para entender la situación actual hay que rememorar o conocer, según el caso, dos fechas claves, 1931 y 1934, donde Francesc Maciá y Lluis Companys, presidentes de Cataluña proclamaron la República Catalana dentro de la República Federal Española; cosa que ocasionó que España detuviera el movimiento y apresara a sus representantes –en caso de Companys-; situación que creó arraigo en los catalanes que apoyaron dichos movimientos y que aún hoy en día ven como un acto de represión por parte del Estado Español.

Más adelante, durante la guerra civil y la llegada del franquismo, no se puede negar que sí existió opresión contra el sentimiento catalanista (en ello, la cultura catalana, su lengua, por ejemplo) fomentada por la idea de unión que Francisco Franco quería para todo el Estado. Situación que acrecentó la identidad catalana y decreció el “cariño” por parte de los catalanes a España. 

Sin embargo, más allá del sentimiento identitario, ha sido un error utilizar estos antecedentes como base para crear tensión entre la actualidad española y catalana; y es que, la actual España, la miembra de la Unión europea y conformada por Catalunya y otras 17 comunidades autónomas, se construyó en unidad y obtuvo lo que tiene en conjunto.

El 1-O.

Ahora bien, hablemos del primero de octubre, día del Referéndum catalán; una votación no avalada por un Estado Español fundamentado en una constitución que prohíbe, por la firma de ésta en 1978, tras la muerte de Franco, la ruptura de la unidad española pero que a su vez representa, de alguna manera, una especie de candado que pone España contra la posibilidad, y el derecho universal, a la libertad de elección de un conjunto de individuos que quieren decidir sobre sí mismo y su futuro.

El hecho obligó a la Generalitat a llevar acabo dicho referéndum; desembocando disturbios en algunos colegios electorales y la acción desmedida y violenta por parte de la Guardia Civil ante los votantes. Error político por parte de Mariano Rajoy y gran triunfo de Carles Puigdemont pues, si ves una situación que es ilegal; es decir, que ante lo constitucional no podría causar más que una agitación interna, déjala pasar, como sí lo hizo en las votaciones del 9-N de 2014. España se vio mal, terca y hasta “dictatorial”. 

Al utilizar la fuerza, el Gobierno sólo fortaleció al president Puigdemont de cara a una independencia que sería declarada –y suspendida- días más adelante.

Declaración Unilateral de Independencia a plazos y reacción del Gobierno.

Fue el 10 de Octubre, 9 días después y dos antes del Día de la Hispanidad, que el president del Govern, Carles Puigdemont y su vice-president, Oriol Junqueras, proclamaban la DUI en el parlamento catalán, con miles de personas expectantes al júbilo o a la desolación en sus mediaciones siguiendo el pleno en pantallas gigantes.

El president de la Generalitat declaró la independencia para, poco después en su discurso, echar carrera ‘pa-trás’ exhortando mediación externa y diálogo entre las dos partes antes de proclamar –o no- la Independencia definitiva de Catalunya.       

Error político, ahora, de un Puigdemont que dividió a un independentismo que lo había apoyado “a muerte” en todo el camino, entre los que se sienten ya catalanes independientes y los que se sienten defraudados. El president quiera dialogar con un Estado, amparado por la constitución, que no quiere hacerlo y que ha amenazó con poner en marcha el artículo 155, que quitaría la autonomía a Catalunya, tiene el derecho a utilizar “todas las de la ley” y encarcelaría a Puigdemont. 

Un día después, mientras Puigdemont gana tiempo para plantear posibilidades, España reaccionó con lo que se temía, dando ahora éste plazos a Catalunya para decidir si quiere seguir como está o quiere declarar la independencia, situación que activaría automáticamente el artículo 155. Buena jugada por parte del Partido Popular (PP) y el socialista (PSOE), comandados por Rajoy. Inicio brusco de las conversaciones (negociaciones) entre España y Catalunya mientras empresas importantes como Bimbo o Cola Cao se mudan de Catalunya. Duro golpe económico para el pueblo catalán, que queda amenazado  con, en dado caso, menor inversión y empleo a futuro, gracias al apoyo y especulación internacional por la unidad de Espanya (me permito ponerlo en catalán) y Cataluña (en castellano).

Lo cierto es que ni Mariano Rajoy, ni Carles Puigdemont ganan.  Tanto españoles, catalanes y el resto de comunidades externas que conformamos esta tierra pierden/mos. Quizá en la mesa, durante la cena en la Moncloa o en el Parlament no se note pero, de cualquier manera la economía española se ve y verá amenazada y el pan en casa… también. 


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