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¿En dónde escondieron los políticos al sentido común?
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Laura Gutiérrez Franco es una persona que tiene cerca de 30 años de experiencia en el mundo del reporteo. Su vida ha girado en torno a este oficio. Trabajó por cerca de 26 años en el extinto diario Ocho Columnas. Fue reportera y editora, principalmente de la sección de Negocios, aunque también formó parte del grupo de investigaciones especiales. En la actualidad es reportera de Axópolis.com.
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¿En dónde escondieron los políticos al sentido común?

Las cosas más inteligentes de la vida regularmente se hacen aplicando el sentido común, que realmente en el menos común de los sentidos, sobre todo en quienes desempeñan algún cargo en el ámbito de la esfera pública.

 

La definición nos dice que el sentido común son los conocimientos y las creencias compartidos por una comunidad y considerados como prudentes, lógicos o válidos. Se trata de la capacidad natural de juzgar los acontecimientos y eventos de forma razonable.

 

Se dice que el sentido común siente, vibra, se emociona y actúa. Suele ser mencionado como una capacidad natural de las personas que no requiere de estudio o investigaciones teóricas, sino que surge en la vida cotidiana a partir de las experiencias vividas y de las relaciones sociales, aunque en gran parte se nutre del legado que recibimos durante la crianza.

 

Con el sentido común se llega a la máxima reflexión la cual puede traer grandes beneficios a toda una comunidad y no se cometerían los grandes errores de la actualidad.

 

En general, el sentido común también depende de no complicar excesivamente una situación, de aplicar experiencia, conocimiento general y de confiar en que determinadas premisas sean válidas para situaciones futuras.

 

Por eso digo qué en dónde escondieron el sentido común los políticos, porque todo lo enredan, cuando debería tener la capacidad de solucionar las cosas de inmediato. Cuando alguien les solicita algo, si es que le han caso, primero empiezan a realizar juntas o foros que duran años y si no se pierde el tema en el camino, al final se maneja, no como el ciudadano quiere, sino como ellos mismos lo determinaron.

 

La anterior es la gran razón por la que el ciudadano común, con más sentido común que los políticos, ya no los quiere. Es más, los detesta, pues aparte de que todos los mantenemos con nuestros impuestos -y se hacen ricos a nuestras costillas- no ofrecen solucionen a los ciudadanos. En conclusión, no ayudan.

 

Sus temas de campaña son la “guerra sucia”, pero no plantean temas que interesan a la sociedad como salud, educación, empleo, economía. Ni los saben desmenusar porque no tienen conocimientos, pero tampoco les interesa.