Guadalajara, Jal. Mx., // //
¡Vamos por un helado!
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¡Vamos por un helado!

A propósito de la celebración del día de niño, quiero compartir con ustedes la importancia que tiene sanar la etapa de la niñez, o como decimos “nuestro niño interior” pues ahí es donde surgen los patrones de comportamiento, los complejos de personalidad, las neurosis, la inseguridad, los temores, entre otros factores limitantes que vamos arrastrando y que van entorpeciendo el desarrollo hacia un adulto sano,  lo bueno es que hablando de ellos es como se pueden comprender, modificar e incluso eliminar.

Como psicóloga me es de mucha utilidad en ciertos casos, conversar con el paciente de su niñez, desde otra óptica, ya no como la veía cuando era niño sino cómo la ve el adulto que es, para contactar con las primeras experiencias, sentimientos y emociones que se generaron en la infancia, ahora con una actitud positiva, optimista y propositiva, siendo conscientes de que todavía podemos aprender y transformar lo que queramos, ya que como dice el refrán: “nunca es tarde si la dicha es buena”.

A veces llegan personas a terapia con mucho dolor acumulado, miedos y malestares que no corresponden al problema actual pero se mezclan las emociones y se reacciona actuando como antes, sin recursos sanos, desde la carencia, desde el dolor, desde la neurosis, es ahí que es necesario rescatar al niño interior para descubrirse así mismo, al auténtico ser que se escondió en los momentos vulnerables, en los momentos en que la vida nos pone en crisis para aprender a crecer y aprender a manejar desde las frustraciones hasta las situaciones difíciles e indeseables pero reales.

Poco a poco con ayuda mutua se trabaja en un acompañamiento psicológico y se van sanando las heridas, se van perdonando y reconciliando las vivencias dolorosas, se recompone la identidad, surge el auténtico ser reconectado con el niño interior alegre, vivaracho, autentico y feliz, sin miedo a mostrarse como realmente es y cómo se espera que sea para afrontar las crisis que vengan en el camino, pero ya con recursos sanos e inteligentes, aunque nunca perfectos, pues a veces retrocedemos y eso nos recuerda que siempre estamos en constante crecimiento.

Volvamos la mirada hacia nuestro niño interior, preguntémosle ¿cómo estás? ¿qué necesitas?  Pidamos ayuda, sanemos las heridas de ese niño si es que lo dejamos en el camino de la vida, sin celebrarle, sin reconocerle, sin decirle gracias... te amo  

 ¡Vamos por un helado!